viernes, 9 de junio de 2017

On An Island



Es noche de luna llena. Recorrí las calles de la ciudad tratando de hallar un intersticio entre tantos edificios para poder contemplarla en su mayor esplendor. Esa luna llena, no sé por qué, me llevó a recordarlo. 
Creo que uno de los gestos que me permitieron relanzar un poco mi deseo y volver a sentirme de nuevo a gusto conmigo misma fue el momento en el cuál él, consciente de toda mi neurosis en lo que atañe a mi imagen corporal; decidió atarse su pullover a la altura de las sienes para cubrir de ese modo sus ojos. Pulsión escópica cubierta por un velo, ¿qué define ahora esa mirada, ciega de su sentido, más que las coordenadas de un deseo? “¿Qué ves cuando me ves?” Ese instante tuvo el valor, en mí, de una verdadera intervención, en el sentido de que algo en mí, se movilizó subjetivamente, me tocó la fibra íntima de mis “no querer ser vista”, “tener miedo a no ser deseada”. 
En ese momento yo me reía, todo me parecía un tanto ridículo. Pero con el correr de los días no pude dejar de pensar en lo maravilloso que fue ese gesto, en la apertura que me posibilitó, en las barreras que logró romper con un simple detalle… 
¿No será que acaso, algunos hacemos el amor más con la mente que con el cuerpo? O, en todo caso, ¿primero con la mente y luego con el cuerpo? 
La luna llena me llevó a escuchar a Gilmour, escuchar a Gilmour fue un pasaje directo a fantasearlo.

Judith Butler



"Entonces retomé El Segundo Sexo para buscar esa cita, sin duda la más conocida de Simone de Beauvoir, donde dice: "No se nace mujer, se llega a serlo". Y yo escribí algo sobre la pregunta del devenir. Quería saber si se terminaba en convertirse en mujer, o si el hecho de ser mujer era eternamente un devenir. Si el modo de devenir exige un fin o si no había objetivo ni finalidad. Y yo me dije que quizás eso se podía aplicar al género en general. ¿No se hace hombre, se llega a serlo? Se nace quizás masculino o femenino para no llegar a ser después ni hombre ni mujer. Me pareció que esa noción de devenir podía dispersarse en todas las direcciones…" 

Judith Butler, Filósofa en todo Género (2006),
Documental realizado Paule Zadjermann.

lunes, 22 de mayo de 2017

Devenires

Un momento antes de despertar completamente, en el trance del estado de duermevela me pregunto si lo ocurrido horas antes fue real o fue otro sueño. El lado derecho de la cama está vacío, pero las sábanas están completamente desordenadas. Angustia. El gusto a vino aún vivo en mi boca me trae de nuevo a la escena. Hay manchas de mi sangre en el piso, fue el precio que pagué por estrenar unos zapatos y luego no usar curitas. ¿Será el mismo precio que tengo que pagar por dejarte con las ganas? Pero no tengo sustitutos de curitas para este sabor a hiel en mi boca. Angustia. El ambiente se torna ominoso. Hay vino volcado en la mesa mezclado con los restos de las flores que nos fumamos. Hay olor a pequeña muerte y restos de ella en las sábanas en las que acabo de despertar envuelta. Pero vos ya deviniste ausencia. Escapaste. Me resta la presencia de tu ausencia. Pero también, la angustia. 
Te deseo pero no puedo verme como objeto de deseo, no puedo verme en absoluto. Te deseo pero mi imagen ha perdido su brillo hace ya un buen rato y me es mortífero reflejarla en algún espejo sin evitar sentir que cae como desecho. Te deseo, pero no me deseo, y en tanto no puedo verme deseada, no puedo evitar defenderme del primer deseo y así lo hago. Yo también, escapando. Te deseo pero me angustia ver caer mi imagen como un objeto cesible que se separa de mi cuerpo para reducir éste a una nada. Te deseo pero tengo miedo. Entonces trato de jugar el juego con las fichas que te tomo prestadas para intentar al menos, por un instante, hacer con mi deseo algo que no me separe de esa imagen pero que a la vez me permita, evanescentemente, sentirme deseada. Algo vira en ese soplo fugaz. ¿Podré devenir pluma una vez más, entre tus brazos? ¿Podré dejarme ir, una vez más, adentro tuyo? 
Necesito acabar con esta histeria. (En verdad, no quería que te fueras) Necesito calmar esta espera. (Tu rostro a oscuras envuelto en el humo me tentaba a besarte). Necesito permitirme este deseo (Quiero que vuelvas). Otra vez me excita el mero hecho de fantasearte.

miércoles, 19 de abril de 2017

Niederkommen

Me caigo en el pasado. Me hundo, me desvanezco en mis ayeres. Me llevan los recuerdos, con la fuerza de mil imanes me arrastran hacia atrás. Regreso suavemente a los paisajes que me han visto crecer y el poder de las imágenes de las flores silvestres es tan intenso que hasta puedo sentir su aroma, la tierra húmeda bajo mis pies, el viento alzarse libremente al caminar por senderos desolados.
Vuelo dulce y melancólicamente junto a todas las hojas secas que he visto danzar a lo largo de mis 27 equinoccios otoñales. No hay muletas dalinescas capaces de anclarme en este presente. Me caigo, me llevan los recuerdos, me arrastran, me arrasan, me desvanecen, me desaparecen. 
Soy la chica con ojos de ayer, el Angelus Novus mentado por Benjamin con los ojos desorbitados y la cara vuelta hacia el pasado mientras que el viento tormentoso le repliega las alas. Ya no fotografío el hoy con las reminiscencias del ayer porque todo nuevo despuntar del día se tiñe de sepia antes de que el sol logre asomarse. 
Soy la espectadora pasiva de vidas ajenas, la que observa desde lejos el gran baile sin ser capaz de desenraizar los pies del suelo, la que huye bien lejos cuando alguien pretende impulsarla a danzar. Soy el ensimismamiento encarnizado, la muralla impenetrable, la putrefacción de la potencia que jamás logró producir un acto. Soy el recuerdo gastado de la que alguna vez fui, el pozo en el cuál recaen estrepitosamente las flores muertas de cada primavera, la nostalgia indestructible del primer jardín perdido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Siempre se retorna a Freud

"Noto que se ve precisada a crearse en la vida un deseo incumplido. Su sueño le muestra cumplido ese rehusamiento del deseo. Ahora bien, ¿para qué precisa de un deseo incumplido?"
Freud, La interpretación de los sueños

jueves, 23 de febrero de 2017

Psicogeografía

A veces me hastío de tanto asfalto y salgo a dar vueltas en bici a la deriva sin reloj y cuando menos me doy cuenta ya estoy en Baigorria. Me dejo llevar por la música. Juego a hacer psicogeografía a lo Guy Debord. Algunas tardes de verano pueden ser asfixiantes, pero suelen ser aquellas que regalan los atardeceres más preciosos. 
Cae el sol y la belleza del río se realza con mi tonalidad del cielo preferido: esa mezcla de amarillo anaranjado, de rosa clarito y celeste puro. Las nubes se tiñen de amarillo pero a la vez parecen de algodón. Los últimos reflejos del sol producen un tono de luz surrealista que enaltece los árboles y hace que brillen aún más la gama de los verdes. La ceiba rosea florecida se lleva el premio a la belleza propiamente dicha. Hasta la maleza epífita de los claveles de aire que crecen anárquicamente sobre los cables tienen ese toque de naif que los hace agraciados al contraste de la perfección de ese cielo. 
Una vez alguien me dijo que en la ciudad extrañaría y algún día anhelaría volver al pueblo en dónde viví gran parte de mi vida. Es una mentira falaz. El tesoro de mi infancia son los recuerdos difusos que me hacen buscar en la ciudad las reminiscencias de mis primeros cinco años viviendo en el campo. “Le vert paradis des amours enfantines”. Suele ser allí dónde mi mente habita cuando se pierde en la nostalgia. 
En mis auriculares suena la versión de Zona de Promesas que Gus canta con Mercedes Sosa. Estoy re-enamorada de mi soledad. Pese a ello, al volver a mirar el cielo tan perfecto -que ahora se tiñe de azul turquesa y de un rosa que casi es fucsia-, y al bajar por las pendientes mientras las ruedas de mi bicicleta se convierten en alas; no puedo evitar dibujarteahí, dónde no estás. Anochece. 
Igualmente sonrío. Soy feliz. Porque la mágica sensación de libertad de volar con la bicicleta en picada es de las contadas emociones que conservan la plenitud de su intensidad tanto a los 5 años como a los 27. Me alejo de la costanera, vuelvo a ser un número más entre tantos edificios. Regreso a mi trinchera y cierro los ojos. Las nubes de algodón siguen ahí.

lunes, 13 de febrero de 2017

In your bedroom



La jaula se ha vuelto acuario, el pájaro devino pez. El pez se liberó volando. De sus escamas nacieron alas en un tono verde agua. Su libertad era del color de las uvas que formaron el vino que hoy beben mis labios. Más no por ello lo que bebo calma mi sed, menos aún cuando me encuentro en el medio del océano de sus sábanas, añorantes -como yo- de su cuerpo.
Contemplo dulcemente su vuelo fugitivo hacia tierras cuyo mapa me es ajeno. El vino deviene agua salada que aumenta el deseo de beber de los elixires que el pez me niega. Más no por ello dejo de soñar con su sonrisa incólume. Más no por ello deja de desvelarme su recuerdo. 
La jaula se ha vuelto acuario, del pez nacieron alas y éste se ha volado. De su figura tan sólo conservo el recorte de una sombra. Más no por ello dejo de amar su libertad, de anhelar la mismísima imposibilidad de soñar su mismo sueño. Más bien, más bien por ello.

martes, 7 de febrero de 2017

Inercia

Hoy me costó gran parte de la mañana salir del estado de angustia en el cual me desperté. Cuando no tengo responsabilidad que cumplir hacia terceros y me despierto con angustia, no hay forma de poder moverme de la cama hasta bien entrada la mañana. ¿Es que acaso mis propias responsabilidades subjetivas no deberían movilizarme? Siento como si me aplastara una fuerza inconmensurable que viene desde lo alto a dejarme inmóvil y pegada al colchón. No sé, debe de ser el espíritu de alguna especie de mamut extinto el que me aplasta con su peso dejándome expuesta a la insoportable levedad del ser que se niega a ejecutar algún tipo de resistencia frente a tal comodidad y holgazanería. Lo peor es que ni siquiera disfruto del confort de mi somier, porque me mata la culpa al sentir que mato mis sueños y deseos dejándome llevar por esa indefinida sensación de no poder avanzar por haber perdido los ejes. No veo ningún norte, tan sólo distintos senderos que se bifurcan o se convierten en callejones sin salida cuando intento caminarlos. Siento como si ninguno de mis objetivos valiera la pena, como si cada pequeña meta fuera un camino hacia la mismísima muerte o hacia la mismísima nadificación del sentido, lo cual es lo mismo. Y detesto esa posición tan cómoda de dejar que el día me arrastre a medida que sus horas van muriendo y mi cabeza sigue igual de estancada que mi cuerpo. Porque de una cosa estoy segura: cuando caigo en esos estados de inmovilidad mental, también se me inmoviliza el cuerpo. No hay lugar de dónde sacar la fuerza para mover mis músculos, tendones y articulaciones cuando el horizonte se desdibuja de esa manera. No hay pulsión capaz de activar mi esqueleto, que yace inerte como una piltrafa entre las sábanas. Intento remontar el día escribiendo estas líneas, pero ya llegada la noche estoy en la misma posición de dejadez, tomando una copa de vino tinto y dándole secas al cigarro que se consume como mi vida, segundo tras segundo, minuto tras minuto…cuando no hay un deseo que la movilice, cuando no hay futuro que se proyecte a modo de faro para guiarme en este presente.

It's over.

Se siente o no se siente, es tan simple como eso. Si te detienes a pensarlo, es que necesitas racionalizarlo. Y puedes razonar acerca de las decisiones que tomarás al constatar un sentimiento, pero no puedes elegir seguir sintiéndolo o dejar de sentirlo.
Fuérzate en sentir lo que no puedes sentir y vivirás una mentira, traicionándote y traicionando; jugarás un juego en el que ninguna de las partes saldrá ganando, ya que serás consciente de la negación y por más intentos que hagas en auto-engañarte; jamás podrás sustentar mediante el fingimiento la ilusión de estar amando.
Fuérzate en hacer desaparecer lo que no puedes evitar sentir y reaparecerá desde otro lado, ya como angustia, ya como llanto aparentemente inmotivado, como falta de aire, como falta de voz o como dolor del cuerpo cuyo origen viene del alma. O como ese sueño que te despierta a mitad de la noche con ganas de seguir soñando...

viernes, 3 de febrero de 2017

Poder decir adiós

El amor dura en mi vida lo que dura su objeto en tanto fuente de inspiración.

viernes, 27 de enero de 2017

Osadia loca...

...husmear en t u s cosas.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Para un anacoreta

Hay muchas formas para tramitar el dilema existencial, humano por excelencia, de anhelar algún tipo de trascendencia, de dejar alguna huella en este mundo. Algunos deciden continuar con la especie, otros deciden escribir alguna melodía para un más allá en el cuál tan sólo seamos polvo de estrellas en el cosmos, o algunas líneas que humedezcan los ojos de algún humano demasiado humano del mañana del jardín de los presentes… 
Este dilema muchas veces nos hace soñar un tanto megalomaníacamente, nos hace perdernos en un futuro que no podemos terminar de dibujar, nos hace ahogarnos en un vaso de agua del cual vemos tan sólo su parte vacía, nos hace olvidar que las huellas más valiosas son las que construimos con aquellos seres especiales que están, ahora, aquí y ahora, transitando nuestro camino a nuestro lado; soñando nuestros mismos sueños a distancia pero en cierta cercanía que por más virtual que sea no deja de ser real, no deja de producir efectos. Nos hace evadir de los sentimientos profundos que nos desvelan a mitad de la noche y por los cuáles vale la pena seguir despiertos para constatar que, generado cierto lazo, cierta conexión…el libro de una historia puede escribirse incluso con una tinta invisible que une los hilos de dos vidas errantes que han compartido un sinfín de noches en vela, de reflexiones y elucubraciones cuasi paralelas, de sueños y ensueños, de Beatles, Julios y Magas, de otoños en sepia, de dos copas de vino que se chocan y siguen brindando en la comunión de los anacoretas. 
Es vergonzoso mi desfasaje, y mi excusa de la cervicalgia para evadirme de chequear un mensaje que hoy me he encontrado y que me ha robado la sonrisa más grande del día, haciéndome recuperar la magia de saber que en algún bar de Buenos Aires un artista con todas las letras se ha inspirado en nuestras eternas divagaciones de noctámbulos para emitir con su preciosa voz una melodía que contiene mi nombre. Hoy soy feliz porque sé que una huella de mí ha quedado en su música, porque alguna noche en vela me ha recordado. 
Hoy soy feliz porque sé que sus huellas siempre formarán parte de lo que soy, que nuestros caminos siempre seguirán cruzándose…hoy sonrío desde el agradecimiento más auténtico y festejo este encuentro atrasado, pero encuentro en fin; y le recuerdo a este chico, a vos, Manu, que te quiero y admiro muchísimo, y que anhelo estar sentada en un bar escuchándote tocar esa melodía… pero que mientras tanto… observo el video como si mi presencia incorpórea pudiera alcanzarte.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Contraluz

En las trayectorias siempre errantes de la pulsión hay recortes que obnubilan al sujeto, a modo de condensaciones de sentido que cobran su intensidad en función de una historia singular. 
Hay imágenes que se convierten en una verdadera fotografía para el alma, que subsumen lo simbólico por la captura imaginaria cuando el objeto no es sólo capaz de despertar el deseo sino que también hace renacer a la ternura. 





Recorto la escena dentro de la escena de la cuál soy una observadora que vacila entre la contemplación pura a la incidencia en dicho cuadro. Hay una lámpara encendida en una habitación a oscuras. Hay una figura masculina sentada sobre una silla ubicada de modo tal que su rostro queda a oscuras pero perfectamente delimitado por el efecto a contraluz. Los libros dispersos definen un clima. Los cigarrillos se consumen lentamente tras la petite mort, viciando eróticamente el aire tras cada bocanada de placer. El hombre, introspectivo, absorto en los universos del lenguaje, se esfuerza en hacerme pronunciar palabras en alemán que de su boca hacia mis oídos generan un ensalmo que me enciende cada íntima fibra corporal.
Es ese el mismísimo instante en que una persona adviene un lugar a habitar, un paisaje emocional, que se resignifica desde la mirada expectante de otro ser capaz de recortar el sentido de una escena singular. Es un punto de detención en las coordenadas nostálgicas de la eterna búsqueda de un horizonte, es un punto que se fija al delimitar un cuerpo al cual el alma impulsa a acariciar.
No fue sólo su voz, a modo de sinécdoque, representando ese todo inagotable de su existencia. No fue sólo su cuerpo, recortado a contraluz. Ni sus dotes multilingües. Fue algo de mí formando y no formando parte de esa escena, con su remera favorita deslizada sobre mi cuerpo, que unos minutos antes se encontraba desnudo junto al suyo. Fue algo de mi estar y no estar presente, o estar a modo de observadora pasiva de una escena que me desbordaba. 
Creo que se trata de todo eso pero principalmente de algo más: de eso de aquel otro que siempre constituye la dimensión de un enigma, de ese más allá que se nos escapa. De ese querer capturar un algo innombrable de su esencia, que se desvanece en el mismo momento en que creímos poder verbalizar lo que por naturaleza es indecible.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Dank


En el jardín de los senderos que se bifurcan la otra hija del viento traspasó un umbral que creía infranqueable. Saltó a través del muro para ver qué es lo que se escondía detrás de ese sendero de tierras prometidas desde antaño. De algún fondo olvidado de lo que quedaba de su alma germinaron lilas que ya no anunciaban soles negros sino lunas radiantes de noches de desvelo. Su brillo delineaba con su esplendor una escena dentro de otra escena, tiñendo de ilusiones un espacio viciado de pensamientos petrificados que se fueron a dormir junto a sus miedos aliados. Las sombras ensordecedoras de las noches melancolizadas cedieron el lugar al regreso de un ensueño, marcado por la posibilidad de enunciación de la ternura. El desierto devino manantial. El tiempo se cristalizó en la eternidad de un presente marcado por el fuego. 
El amanecer trajo consigo una calma tan profunda como un estado de trance, la luz del nuevo día hizo brotar la más bella y pura de las armonías. La felicidad debe de ser algo así como volver a flotar entre nubes de algodón en un cielo dónde toda estrella fugaz es posible de concederte un deseo. El oro en los bolsillos debe de ser algo así como el incipiente nacimiento de un querer de dos soledades que se funden en un encuentro. La forma del alma está bordeada por el vacío que se pulveriza en el instante de un abrazo.