miércoles, 18 de octubre de 2017

Por qué?

Sabina creo que fue el que dijo semejante verdad: no hay peor nostalgia que la de añorar lo que nunca sucedió. O algo así, ya no importa, porque se entiende. Vengo a devolverle a este espacio su valor originario: el descargo frente a una pérdida. Pero nunca, jamás, ni por un segundo de mi vida se me pasó por la cabeza que algún día tendría que pasar por un duelo como este. Porque mi lema de vida siempre fue tolkiano: “mientras haya vida, hay esperanza”. Nunca jamás me tocó lidiar con la certeza absoluta de que no exista tal esperanza. 
Me importa un carajo el resultado estético de estas palabras porque me siento como el orto y por más amistades y familia que tenga alrededor nada ni nadie pueden comprender lo que significa perder a un otro con quien construiste un vínculo tan maravilloso como íntimo. Y cuando construís, año tras año, algo que pese a los encuentros o desencuentros siempre fue una caricia para tu alma, y lo construís sólo con ese otro, lo convertís en una historia que es algo así como tu gran tesoro que querés resguardar de miradas ajenas y de todas las habladurías del mundo. Creo que eso fue lo que tuvimos: un inclasificable vínculo hermoso. 
Lo que sucede en este caso es que si ese otro desaparece de un día para el otro y para siempre… no tenés a nadie con quien poder compartir el dolor infinito por una pérdida cuyo real significado subjetivo en tu vida lo comprendes sólo vos. Cuando ese vínculo era algo tan privado, cuando lo que contabas hacia afuera era una milésima parte de lo que te sucedía por dentro, lo que te invade es la soledad mortífera de no poder explicar cuán importante era eso que perdiste. Lo que te queda es rodearte de personas que te quieren y te abrazan, pero con las cuáles no podes ni siquiera llegar a darles a entender mínimamente el vacío que esa pérdida te deja, el hueco en el alma que nunca más vas a poder volver a llenar con nada. Porque una parte de vos se murió para siempre junto con todas las palabras que quedaron por decir, junto con la carta que tengo frente a mis ojos y por timidez no me animé a dar en el momento en que lo tuve acá conmigo, en mis brazos, en mi cama, en cada uno de los rincones que habitan este espacio, en cada centímetro de mi piel, en cada beso apasionado, en cada conversación interminable, en cada una de las noches que compartimos. 
Lo que me queda también es la culpa, la culpa por todas las veces en que mi histeriqueo, mi inseguridad por mi imagen, mis rodeos de sí pero no, de no pero sí, de te quiero ver pero me da miedo sentir de más y sufrir… hicieron que me pierda tantos pero tantos momentos compartidos cuando ese otro siempre, siempre y pese a todo, pese al tiempo y la distancia…siempre estuvo ahí, siempre que me alejé volvió para preguntarme por qué, siempre se preocupó por qué me pasaba o cómo me sentía, siempre buscó la manera perfecta de hacerme sentir cómoda y feliz a su lado. Tal vez mis inconstancias hayan sido un ingrediente necesario para que el vínculo se haya sostenido, quien sabe. Pero sé que incluso en los momentos de angustia -tan típicos de un deseo que una a veces no logra controlar- él estuvo ahí, con ese abrazo infinito, con las palabras precisas, con el respeto y el compañerismo, con el afecto comprometido. 
Creo que dos palabras le quedaban perfecto a nuestra relación y eran dos palabras a las cuáles llegamos juntos, leyendo un artículo por separado, llegando ambos a la misma conclusión de que lo más importante de ese artículo era esto: la responsabilidad afectiva. Si ambos hicimos ese recorte fue porque ambos sabíamos que en este sistema perverso la batalla contra las normas relacionales iba por ese lado. 
En 28 años jamás logré construir un vínculo sexo-afectivo tan libre y tan sano como lo era el nuestro. Él era el único capaz de hacerme despertar deseos cuando yo creía que todos mis deseos estaban muertos. Él era el único que en estos últimos tiempos podía desnudarme en cuerpo y alma y permitirme sentir el placer de compartirnos desde el respeto y la confianza, desde la desposesión y la libertad de no dejarnos llevar por las toxicidades de las relaciones carentes de códigos necesarios o desde el polo contrario: repletas de etiquetas que no dicen nada. 
Yo no puedo borrar todos estos años de un solo saque. Por favor alguien que me diga que todo esto es una mentira. Por favor yo sólo quiero despertar de esta pesadilla. Que me llegue un mensaje, decime cuando nos vemos, decime que estás bien, decime que no hiciste lo que dicen que hiciste, decime que estás vivo, quiero tu voz leyéndome libros acá en mi cama, no puede ser que te hayas ido…por favor vení y detené este torrente de lágrimas y llanto desconsolado con uno de tus hermosos abrazos. Quiero tu bici ahí apoyada sobre la mía. Quiero hacer travesuras para que entres la moto en la cochera sin que nos vean los vecinos. Quiero todo lo que teníamos, las canciones que compartimos, la perfecta química que nos unía. Lamento tanto cada momento que no compartí a tu lado cuando podría haberlo hecho, lamento tanto todo esto que cada minuto que perdimos me quita la magia de todos aquellos momentos increíbles que compartimos y vivimos durante todos estos años... 
¿Por qué decidiste irte? ¿Por qué? ¿Por qué te llamo y nadie contesta? ¿Cómo carajo se hace para seguir después de esto? ¿Cómo voy a lidiar con toda la culpa que me genera no haberte regalado más momentos compartidos, no haberme podido soltar un poco más, no haber dejado de ser una maldita caprichosa que por tenerle tanto miedo al amor se desaparecía por meses con tal de no caer en la trampa de sentir de más? Puede que tu partida me enseñe más que todas las clases universitarias que tomé en mi vida, ¿pero de qué me sirve todo este aprendizaje si vos ya no estás?

lunes, 18 de septiembre de 2017

Pétalo de sal

Lo que no puedo realizar cuando te veo lo realizo en mis sueños. Y el despertar con la sensación de tus labios junto a los míos es tan dulce que desearía poder dirigir mis pensamientos oníricos para soñarte cada una de mis noches, cada una de mis siestas.

De todas formas soy tan inmensamente feliz... con el mero hecho de verte llegar. 

¿Qué es este sentimiento? No podría definirlo. Pero es de lo más puro que sentí en años. 

sábado, 9 de septiembre de 2017

Lo que gusta...

24 de Diciembre del 2016… y aún no falta aquel pariente que, a mitad de cena navideña, medio en broma medio en serio, te tira “esa” pregunta que sabías que a esta edad ya llegaría, al preferir la libertad de la soledad o la búsqueda de nuevas formas de querer, a una relación típicamente formal: “¿Vos sos gay Valeria?” Uno no sabe si reír, mandar a la mierda, negarlo para no perder el tiempo dando explicaciones a oídos sordos; o responder afirmativamente para que tenga motivos para hablar de uno a sus espaldas por largo rato. ¿Cuántos cientos de años más van a tener que pasar para que las personas dejen de prejuzgar y dejen que cada quien viva su vida relacional, su intimidad y su sexualidad de acuerdo a sus propios deseos y no de acuerdo a las convenciones sociales? Y podría haber contestado la verdad: “estoy en algo con un chico…y me gusta mucho una chica”, pero no tenía ganas de hablar para quien no estaba dispuesto a escuchar más que desde el prejuicio. Preferí reír. 
¿No estamos ya demasiado “civilizados” como para considerar que el encanto o el gusto no radica en la elección de un objeto de amor de un sexo o de otro (¡ni hablar de explicar la ficción científica del binarismo de los sexos, ni hablar de explicar las diversas perspectivas de género!), sino en saber apreciar a las personas independientemente de su género, en sentirnos atraídos por la magia particularísima de un ser que consideramos especial? Pero para ello hace falta dar un paso cualitativo que para muchos es imposible cuando aún cargan con presupuestos cristalizados hasta la médula por toda una serie de tradiciones hegemónicas que nos han hecho creer que lo celeste va con el varón y lo rosa va con la damita, olvidando que hasta las palabras “macho” o “dama” están viciadas de presupuestos acerca de lo que se supone que debería ser un “verdadero hombre” o una “verdadera mujer”. 
Avanzamos en materia de ley pero aún hay un gran desfasaje entre las nuevas legalidades y las construcciones socio-históricas acerca de las sexualidades. No dejamos de tergiversarlo todo. Banalizamos el verdadero espíritu de las feministas luchadoras y hacemos del feminismo la contra-cara del machismo. Pedimos amor en lugar de guerra pero un gran sector de la sociedad siente repulsión por el amor que no encaja en el patrón puramente reproductivo y animal de macho + hembra. Les recuerdo que tenemos un neo-córtex. 
¿Es que acaso cuando nos gusta alguien importa que sea hombre o mujer? ¿Es que acaso nos enamoramos de un aparato reproductor determinado? ¿Hace falta tanta apertura mental para darse cuenta de lo contrario? Nos enamoramos de un gesto, de una personalidad, de detalles singulares de un otro capaz de conmovernos. Nos enamoramos desde nuestro inconsciente, y no hay norma social que pueda contra nuestras pulsiones. Nos enamoramos cuando deseamos la felicidad de esa otra persona que se nos torna especial y cuando sentimos esa mágica alegría al robarle una sonrisa, cuando podemos ceder algo de nuestra propia individualidad, desafiar el egoísmo imperante…para acercarnos desde la ternura y el cariño desinteresado. Por supuesto que ningún amor es completamente desinteresado, pero cuando queremos de verdad sabemos bien que el otro no es ni nuestra propiedad ni nuestro objeto de uso sino un ser libre a quien lo que menos debemos hacer es coartarle las alas. 
Parafraseando a una gran amiga: “no es bello lo que es lindo –para el común denominador de la sociedad, agrego-, sino lo que a uno le gusta”. ¡Y nada más volátil, maravillosamente diverso y heterogéneo como los gustos de cada persona! Y no vamos a salir de este escollo patético y reduccionista hasta que no aprendamos que lo que gusta no es un sexo en general sino una persona en particular.

viernes, 9 de junio de 2017

On An Island



Es noche de luna llena. Recorrí las calles de la ciudad tratando de hallar un intersticio entre tantos edificios para poder contemplarla en su mayor esplendor. Esa luna llena, no sé por qué, me llevó a recordarlo. 
Creo que uno de los gestos que me permitieron relanzar un poco mi deseo y volver a sentirme de nuevo a gusto conmigo misma fue el momento en el cuál él, consciente de toda mi neurosis en lo que atañe a mi imagen corporal; decidió atarse su pullover a la altura de las sienes para cubrir de ese modo sus ojos. Pulsión escópica cubierta por un velo, ¿qué define ahora esa mirada, ciega de su sentido, más que las coordenadas de un deseo? “¿Qué ves cuando me ves?” Ese instante tuvo el valor, en mí, de una verdadera intervención, en el sentido de que algo en mí, se movilizó subjetivamente, me tocó la fibra íntima de mis “no querer ser vista”, “tener miedo a no ser deseada”. 
En ese momento yo me reía, todo me parecía un tanto ridículo. Pero con el correr de los días no pude dejar de pensar en lo maravilloso que fue ese gesto, en la apertura que me posibilitó, en las barreras que logró romper con un simple detalle… 
¿No será que acaso, algunos hacemos el amor más con la mente que con el cuerpo? O, en todo caso, ¿primero con la mente y luego con el cuerpo? 
La luna llena me llevó a escuchar a Gilmour, escuchar a Gilmour fue un pasaje directo a fantasearlo.

Judith Butler



"Entonces retomé El Segundo Sexo para buscar esa cita, sin duda la más conocida de Simone de Beauvoir, donde dice: "No se nace mujer, se llega a serlo". Y yo escribí algo sobre la pregunta del devenir. Quería saber si se terminaba en convertirse en mujer, o si el hecho de ser mujer era eternamente un devenir. Si el modo de devenir exige un fin o si no había objetivo ni finalidad. Y yo me dije que quizás eso se podía aplicar al género en general. ¿No se hace hombre, se llega a serlo? Se nace quizás masculino o femenino para no llegar a ser después ni hombre ni mujer. Me pareció que esa noción de devenir podía dispersarse en todas las direcciones…" 

Judith Butler, Filósofa en todo Género (2006),
Documental realizado Paule Zadjermann.

lunes, 22 de mayo de 2017

Devenires

Un momento antes de despertar completamente, en el trance del estado de duermevela me pregunto si lo ocurrido horas antes fue real o fue otro sueño. El lado derecho de la cama está vacío, pero las sábanas están completamente desordenadas. Angustia. El gusto a vino aún vivo en mi boca me trae de nuevo a la escena. Hay manchas de mi sangre en el piso, fue el precio que pagué por estrenar unos zapatos y luego no usar curitas. ¿Será el mismo precio que tengo que pagar por dejarte con las ganas? Pero no tengo sustitutos de curitas para este sabor a hiel en mi boca. Angustia. El ambiente se torna ominoso. Hay vino volcado en la mesa mezclado con los restos de las flores que nos fumamos. Hay olor a pequeña muerte y restos de ella en las sábanas en las que acabo de despertar envuelta. Pero vos ya deviniste ausencia. Escapaste. Me resta la presencia de tu ausencia. Pero también, la angustia. 
Te deseo pero no puedo verme como objeto de deseo, no puedo verme en absoluto. Te deseo pero mi imagen ha perdido su brillo hace ya un buen rato y me es mortífero reflejarla en algún espejo sin evitar sentir que cae como desecho. Te deseo, pero no me deseo, y en tanto no puedo verme deseada, no puedo evitar defenderme del primer deseo y así lo hago. Yo también, escapando. Te deseo pero me angustia ver caer mi imagen como un objeto cesible que se separa de mi cuerpo para reducir éste a una nada. Te deseo pero tengo miedo. Entonces trato de jugar el juego con las fichas que te tomo prestadas para intentar al menos, por un instante, hacer con mi deseo algo que no me separe de esa imagen pero que a la vez me permita, evanescentemente, sentirme deseada. Algo vira en ese soplo fugaz. ¿Podré devenir pluma una vez más, entre tus brazos? ¿Podré dejarme ir, una vez más, adentro tuyo? 
Necesito acabar con esta histeria. (En verdad, no quería que te fueras) Necesito calmar esta espera. (Tu rostro a oscuras envuelto en el humo me tentaba a besarte). Necesito permitirme este deseo (Quiero que vuelvas). Otra vez me excita el mero hecho de fantasearte.

miércoles, 19 de abril de 2017

Niederkommen

Me caigo en el pasado. Me hundo, me desvanezco en mis ayeres. Me llevan los recuerdos, con la fuerza de mil imanes me arrastran hacia atrás. Regreso suavemente a los paisajes que me han visto crecer y el poder de las imágenes de las flores silvestres es tan intenso que hasta puedo sentir su aroma, la tierra húmeda bajo mis pies, el viento alzarse libremente al caminar por senderos desolados.
Vuelo dulce y melancólicamente junto a todas las hojas secas que he visto danzar a lo largo de mis 27 equinoccios otoñales. No hay muletas dalinescas capaces de anclarme en este presente. Me caigo, me llevan los recuerdos, me arrastran, me arrasan, me desvanecen, me desaparecen. 
Soy la chica con ojos de ayer, el Angelus Novus mentado por Benjamin con los ojos desorbitados y la cara vuelta hacia el pasado mientras que el viento tormentoso le repliega las alas. Ya no fotografío el hoy con las reminiscencias del ayer porque todo nuevo despuntar del día se tiñe de sepia antes de que el sol logre asomarse. 
Soy la espectadora pasiva de vidas ajenas, la que observa desde lejos el gran baile sin ser capaz de desenraizar los pies del suelo, la que huye bien lejos cuando alguien pretende impulsarla a danzar. Soy el ensimismamiento encarnizado, la muralla impenetrable, la putrefacción de la potencia que jamás logró producir un acto. Soy el recuerdo gastado de la que alguna vez fui, el pozo en el cuál recaen estrepitosamente las flores muertas de cada primavera, la nostalgia indestructible del primer jardín perdido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Siempre se retorna a Freud

"Noto que se ve precisada a crearse en la vida un deseo incumplido. Su sueño le muestra cumplido ese rehusamiento del deseo. Ahora bien, ¿para qué precisa de un deseo incumplido?"
Freud, La interpretación de los sueños

jueves, 23 de febrero de 2017

Psicogeografía

A veces me hastío de tanto asfalto y salgo a dar vueltas en bici a la deriva sin reloj y cuando menos me doy cuenta ya estoy en Baigorria. Me dejo llevar por la música. Juego a hacer psicogeografía a lo Guy Debord. Algunas tardes de verano pueden ser asfixiantes, pero suelen ser aquellas que regalan los atardeceres más preciosos. 
Cae el sol y la belleza del río se realza con mi tonalidad del cielo preferido: esa mezcla de amarillo anaranjado, de rosa clarito y celeste puro. Las nubes se tiñen de amarillo pero a la vez parecen de algodón. Los últimos reflejos del sol producen un tono de luz surrealista que enaltece los árboles y hace que brillen aún más la gama de los verdes. La ceiba rosea florecida se lleva el premio a la belleza propiamente dicha. Hasta la maleza epífita de los claveles de aire que crecen anárquicamente sobre los cables tienen ese toque de naif que los hace agraciados al contraste de la perfección de ese cielo. 
Una vez alguien me dijo que en la ciudad extrañaría y algún día anhelaría volver al pueblo en dónde viví gran parte de mi vida. Es una mentira falaz. El tesoro de mi infancia son los recuerdos difusos que me hacen buscar en la ciudad las reminiscencias de mis primeros cinco años viviendo en el campo. “Le vert paradis des amours enfantines”. Suele ser allí dónde mi mente habita cuando se pierde en la nostalgia. 
En mis auriculares suena la versión de Zona de Promesas que Gus canta con Mercedes Sosa. Estoy re-enamorada de mi soledad. Pese a ello, al volver a mirar el cielo tan perfecto -que ahora se tiñe de azul turquesa y de un rosa que casi es fucsia-, y al bajar por las pendientes mientras las ruedas de mi bicicleta se convierten en alas; no puedo evitar dibujarteahí, dónde no estás. Anochece. 
Igualmente sonrío. Soy feliz. Porque la mágica sensación de libertad de volar con la bicicleta en picada es de las contadas emociones que conservan la plenitud de su intensidad tanto a los 5 años como a los 27. Me alejo de la costanera, vuelvo a ser un número más entre tantos edificios. Regreso a mi trinchera y cierro los ojos. Las nubes de algodón siguen ahí.

lunes, 13 de febrero de 2017

In your bedroom



La jaula se ha vuelto acuario, el pájaro devino pez. El pez se liberó volando. De sus escamas nacieron alas en un tono verde agua. Su libertad era del color de las uvas que formaron el vino que hoy beben mis labios. Más no por ello lo que bebo calma mi sed, menos aún cuando me encuentro en el medio del océano de sus sábanas, añorantes -como yo- de su cuerpo.
Contemplo dulcemente su vuelo fugitivo hacia tierras cuyo mapa me es ajeno. El vino deviene agua salada que aumenta el deseo de beber de los elixires que el pez me niega. Más no por ello dejo de soñar con su sonrisa incólume. Más no por ello deja de desvelarme su recuerdo. 
La jaula se ha vuelto acuario, del pez nacieron alas y éste se ha volado. De su figura tan sólo conservo el recorte de una sombra. Más no por ello dejo de amar su libertad, de anhelar la mismísima imposibilidad de soñar su mismo sueño. Más bien, más bien por ello.

martes, 7 de febrero de 2017

Inercia

Hoy me costó gran parte de la mañana salir del estado de angustia en el cual me desperté. Cuando no tengo responsabilidad que cumplir hacia terceros y me despierto con angustia, no hay forma de poder moverme de la cama hasta bien entrada la mañana. ¿Es que acaso mis propias responsabilidades subjetivas no deberían movilizarme? Siento como si me aplastara una fuerza inconmensurable que viene desde lo alto a dejarme inmóvil y pegada al colchón. No sé, debe de ser el espíritu de alguna especie de mamut extinto el que me aplasta con su peso dejándome expuesta a la insoportable levedad del ser que se niega a ejecutar algún tipo de resistencia frente a tal comodidad y holgazanería. Lo peor es que ni siquiera disfruto del confort de mi somier, porque me mata la culpa al sentir que mato mis sueños y deseos dejándome llevar por esa indefinida sensación de no poder avanzar por haber perdido los ejes. No veo ningún norte, tan sólo distintos senderos que se bifurcan o se convierten en callejones sin salida cuando intento caminarlos. Siento como si ninguno de mis objetivos valiera la pena, como si cada pequeña meta fuera un camino hacia la mismísima muerte o hacia la mismísima nadificación del sentido, lo cual es lo mismo. Y detesto esa posición tan cómoda de dejar que el día me arrastre a medida que sus horas van muriendo y mi cabeza sigue igual de estancada que mi cuerpo. Porque de una cosa estoy segura: cuando caigo en esos estados de inmovilidad mental, también se me inmoviliza el cuerpo. No hay lugar de dónde sacar la fuerza para mover mis músculos, tendones y articulaciones cuando el horizonte se desdibuja de esa manera. No hay pulsión capaz de activar mi esqueleto, que yace inerte como una piltrafa entre las sábanas. Intento remontar el día escribiendo estas líneas, pero ya llegada la noche estoy en la misma posición de dejadez, tomando una copa de vino tinto y dándole secas al cigarro que se consume como mi vida, segundo tras segundo, minuto tras minuto…cuando no hay un deseo que la movilice, cuando no hay futuro que se proyecte a modo de faro para guiarme en este presente.

It's over.

Se siente o no se siente, es tan simple como eso. Si te detienes a pensarlo, es que necesitas racionalizarlo. Y puedes razonar acerca de las decisiones que tomarás al constatar un sentimiento, pero no puedes elegir seguir sintiéndolo o dejar de sentirlo.
Fuérzate en sentir lo que no puedes sentir y vivirás una mentira, traicionándote y traicionando; jugarás un juego en el que ninguna de las partes saldrá ganando, ya que serás consciente de la negación y por más intentos que hagas en auto-engañarte; jamás podrás sustentar mediante el fingimiento la ilusión de estar amando.
Fuérzate en hacer desaparecer lo que no puedes evitar sentir y reaparecerá desde otro lado, ya como angustia, ya como llanto aparentemente inmotivado, como falta de aire, como falta de voz o como dolor del cuerpo cuyo origen viene del alma. O como ese sueño que te despierta a mitad de la noche con ganas de seguir soñando...

viernes, 3 de febrero de 2017

Poder decir adiós

El amor dura en mi vida lo que dura su objeto en tanto fuente de inspiración.

viernes, 27 de enero de 2017

Osadia loca...

...husmear en t u s cosas.